Una familia perfecta



Dios está muy interesado por las familias, y su Palabra dice que Él volverá los corazones de los hijos a los padres, y de los padres a los hijos. En Su palabra está la libertad, y como Hijos suyos tenemos el poder para liberarnos de las maldiciones generacionales.


Génesis 37:2-9

En este pasaje se puede leer que el primer error que cometió Jacob como padre, fue la preferencia que tenía hacia José por encima de sus hijos. Cabe mencionar que la Biblia no dice que Jacob no quería al resto de sus hijos, sino que amaba MÁS a José, y además era evidente: el padre le hacía regalos especiales a su hijo, como la túnica de colores.


Después, en Génesis 37:13-14 se ve un segundo error que Jacob cometía, el poner en José una responsabilidad que no le correspondía: “el vigilar a sus hermanos”. Desafortunadamente, esto hoy en día es un patrón que se repite en las familias.


Si bien es cierto, no hay familias perfectas, y el objetivo de este mensaje no es criticar a Jacob ni a ningún otro padre, sino que el aprender de esta historia (la de José y su familia) para poder formar familias cimentadas en la Palabra de Dios.


En Génesis 37:18-24 se puede ver el fruto de semillas de odio e ira que fueron sembradas en el corazón de los hermanos de José. En estos versículos se lee cómo los hermanos de José arrancaron su túnica “especial” y le quitaron aquello que lo distinguía de manera EVIDENTE de los demás hermanos quienes posteriormente quisieron matarle.


MALDICIONES ANCESTRALES


Así como heredamos virtudes de ciertos integrantes de nuestros antepasados, también podemos heredar ciertas características poco favorables para nuestras familias.


En el caso de José, su abuelo Isaac fue un hombre que a los 40 años aún no tenía esposa, y su padre Abraham tuvo que mandar a uno de sus sirvientes para buscar una mujer para su hijo. Después, en la Biblia se puede leer de la evidente RIVALIDAD que había entre los hijos de Isaac (Jacob y Esaú) quienes desde el vientre de su madre peleaban entre sí.


Nosotros nos reproducimos NO en lo que sabemos, sino en lo que SOMOS. Dios nos ha dado una llave de autoridad, y somos nosotros los que decidimos cortar o no con los patrones que hay en nuestra familia.


En Génesis 42, después de que José fue vendido como esclavo y haber estado en la cárcel, la Biblia relata que José ya era el segundo hombre más importante de Egipto (después del Faraón), y sus hermanos van a comprar alimento ya que había escasez en la tierra. Sus hermanos al encontrarse con José no le reconocieron; sin embargo José sí los reconoció, los señaló como espías y los mandó a la cárcel. Además, como condición para darle alimento, José pide ver a su hermano menor, Benjamín.


En estos actos, podemos ver que José era un hombre que tenía aún un corazón lastimado, y el ver a sus hermanos quiso “vengarse” de ellos. Así mismo, en cuanto al padre, podemos ver que seguía teniendo preferencias, ahora con su hijo Benjamín.


Posteriormente en Génesis 45, José intenta inculpar a Benjamín sobre el robo de una copa, pero al ver la actitud del resto de sus hermanos, José se conmueve a tal punto que confiesa quién es él realmente delante de ellos.


Para ese punto José “ya no aguantó más”, y precisamente en ese momento él entendió que quién realmente lo había llevado hasta Egipto había sido Dios, y no “las malas obras” de sus hermanos.


José fue confrontado con el dolor de su pasado, y se vio obligado a tomar una decisión: perdonar realmente, y cortar con la maldición de su pasado. A pesar de ser la “víctima de la historia”, él decidió soltar el dolor, ir contracorriente y cambiar el patrón que podría ser heredado para sus próximas generaciones.


Dios siempre nos da la oportunidad de elegir, está en NUESTRAS MANOS cambiar el futuro de nuestra familia por medio del perdón y la ruptura de patrones generacionales.


Mensaje por Sara Espinosa, servidora de nuestra congregación.


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