Contra corriente: Carta a los padres.


IMAGEN Y AUTOESTIMA

Queremos vernos bien, pero muchas veces dejamos de vernos bien porque empezamos a compararnos y a querer ser como los chicos o chicas de las revis- tas, películas y televisión. Dios nos ha hecho a cada uno de nosotros especial y único; nuestros ojos, nuestra voz, nuestra nariz, nuestros dientes son únicos. ¿Habías pensado que, en los siete billones de habitantes que hay en el mundo, no hay ninguno que tenga tus orejas? Es más, dentro de una multitud podrían identificarte por ellas.



Queridos padres:


Hoy hemos visto con sus hijos un tema tan candente para ellos en esta etapa de sus vidas como lo es su imagen y autoestima. Les hemos enseñado que sus hijos son únicos y especiales, hechos por Dios mismo para buenas obras (Efesios 2:10), y que el Creador del universo los ha diseñado a su imagen, por lo que cada vez que se ven al espejo pueden recordar esta verdad. Recomendamos pegar en el espejo de su baño esta palabra: «Y dijo Dios: ‘Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza’» (Génesis 1:26), y así recordarán que son creados a imagen de Dios pero también recordarán que cada ser humano que está sobre esta tierra es hechura de Dios a imagen de Dios.


Vimos que cada ser humano, y aun los animales y plantas (todo ser vivo), tiene su propio ADN, llamado por los científicos «el libro de la vida». Cada persona tiene un ADN único y especial. Este gran libro tiene la información de cada persona, su estatura, sus orejas, su nariz, su boca, su color de piel, el color de sus ojos, etc. Cada una de las células de nuestro cuerpo tiene este ADN. Si el ADN se estirase, cubriría la distancia que hay desde la Tierra al Sol varias veces. Es un diseño maravilloso.

Revisamos lo importante de relacionarnos con Dios para poder valorarnos y amarnos correctamente. pero también vimos lo importante que son los demás y el respeto que merecen. Al conocer el diseño divino de este ADN, sus hijos valorarán las diferencias con su prójimo para verlos de la manera correcta. El

objetivo de este estudio es que su hijo tenga una imagen y autoestima correcta, y así mismo vea a los demás con la imagen y estima correcta.


Querido padre, le sugerimos poner por un tiempo en alguna pared o puerta de su casa este versículo para que su hijo lo use comunmente:


Salmos 139:13-16

Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre.

¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!

Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito era yo formado,

cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido.

Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro;

todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos.


Y cada noche antes de dormir, bendiga a su hijo/a dándole gracias a Dios por cómo él/ella es, por su cuerpo, su personalidad, por los dones y talentos que tiene. Por otro lado, es importante que usted como padre o madre sea una persona agradecida por quién es usted; esto dará seguridad a su hijo respecto a su estima.

Nosotros los cristianos sabemos que debemos enfatizar lo bueno en nuestros hijos, y eso está bien, pero cuando recurrentemente decimos a nuestros hijos que son lo mejor, que son lo máximo, etc., a veces podremos estar acariciando la vanidad que les hará ver a los demás como no tan importantes, y esto es contrario a la palabra de Dios.


Lea estos pasajes:

«Por la gracia que se me ha dado, les digo a todos ustedes: Nadie tenga un concep- to de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado». (Romanos 12:3)

«No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás». (Filipenses 2: 3-4)



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